Inicio de la Historia

Keczula, pequeño pueblo de paso hacia Azhkatla, tranquilo, con sus pequeñas calles y pequeños comercianes… nada parece que pueda haber en todo Faerum que pueda romper su monotonía, hasta que extraños incidentes empiezan a ocurrir… Parece que nuestros recién declarados (obligados) héroes tendrán que averiguar que está pasando en su reducto de rutina…
Episodio primero
La mañana se presentaba fría y quizá lluviosa, hoy el entrenamiento comenzaría más tarde -intuyó Bandor- tras lo sucedido el día anterior a las puertas de Keczula. Un contingente de 7 personas había desaparecido tras anunciar su llegada para el ocaso, algo muy común desgraciadamente en la zona estos últimos días. Decenas de partidas de guerreros habían marchado a buscar la muerte en las afueras del poblado, en la ruta del comercio, en dirección a Azhkatla, luchando contra una amenaza invisible o, al menos, todavía desconocida. Aunque nada había turbado aun la tranquilidad del pueblo, la gente estaba desconcertada y nerviosa, pues ya nadie quedaba lo suficientemente atrevido como para traspasar los límites de la aldea, y eso constituía un grave problema para una aldea que vivía enteramente del comercio, como lo era Keczula.
Los alumnos de la guarnición se mostraban alterados aquella mañana, Abbey se había dado cuenta de que algo ocurría, pero en un lugar como este nunca se podía confiar suficientemente en alguien como para preguntar que estaba ocurriendo. Una de las pocas personas que Abbey había conocido en su corta estancia en la guarnición era Bandor, el enano guerreo que había entrado a su vez en la academia. Hacía un año ya del ingreso de Abbey en la academia, había venido desde Estenga, una pequeña aldea cercana a Iriebor, en busca de conocimiento sobre la magia, algo muy común entre elfos, pero dado que ninguno de sus familiares se había dedicado nunca a la magia, Ernlaar túnica blanca, el mago mas sabio de Estenga, decidió enviarlo por la ruta del comercio hacia Keczula, donde podría encontrar otros como él en la academia del lugar. Allí precisamente era donde se habían conocido Abbey y Bandor, quizá no en las mejores condiciones, pero la guarnición era el lugar más variopinto de todo Amn.
-Aparta, orejas picudas- gruñó Bandor, mientras hacia pasar su ancho baúl repleto de armas sobre los viejos y desgastados libros de magia de Abbey.
-Muestra más respeto por la sabiduría mi querido…
-Bandor, hijo de Erlan, y no he atravesado los picos de las nubes, viniendo de mas allá de Elturel, para detenerme ahora por un atajo de garabatos…
-Estúpido enano- musitó Abbey en élfico, a sabiendas de que si el enano lo entendiese, tan solo la bajada de su hacha de guerra lo haría caer gravemente herido. “No debo ganarme enemigos dentro de la guarnición, mucho menos el día del gran estreno”, pensó para sí.
-¿Decías algo elfo?
-…ehm…Abbey, Abbey D’evirth es mi nombre
El enano prosiguió tirando fuertemente del baúl como si nada hubiese escuchado, arrasando con las pocas hojas libres de barro del libro de magia del elfo, comenzando así la mas extraña relación dentro de la academia de Keczula.
-Despierta orejas picudas- gruñó como siempre Bandor, sacando al elfo del ejercicio de meditación en el que se encontraba -vienen a buscarnos, un enviado del alcalde.
Mientras se sacudía, Abbey entrevió una pequeña silueta que saltaba de un lado a otro, detrás del gran cuerpo del enano. -Si, enseguida…- dijo Abbey todavía pensando qué había podido pasar, pues reconoció al enviado del alcalde en aquel pequeño saltarín.
El camino a la alcaldía era realmente corto, pues se encontraba adyacente a la guarnición, ya que el alcalde quería tener en todo momento las espaldas cubiertas en caso de un repentino ataque, y había trasladado a su propia casa el despacho de trabajo. Tras pasar a dos guardias que separaron las lanzas al paso del pequeño kender, seguido muy de cerca de los dos estudiantes.
El alcalde, un humano obeso y grasiento, más bajo de lo normal y visiblemente nervioso, se encontraba paseando enérgicamente de aun lado a otro de la habitación, rascándose el mentón de manera compulsiva: -bien, queridos amigos-dijo con una obligada cortesía, pues era evidente que en la vida recurriría a dos principiantes si algo muy preocupante no estuviese pasando- debo encomendaros una pequeña misión, muy importante para nuestro pueblo, debéis marchar a la búsqueda de una solución para los hechos que acaecen y atemorizan en estos parajes. Están ocurriendo muertes que no podemos controlar en toda la ruta del comercio, y cientos de partidas se encaminan a la muerte fuera de los muros de la aldea, deberéis llegar hasta Candelero y seguir mis órdenes, pero no iréis solos, por favor, haced que esta pesadilla cese- dijo estas últimas palabras y le extendió al mago un pequeño trozo de pergamino con un mapa y las instrucciones para encontrar a sus nuevos compañeros. El elfo y el enano no salían de su asombro, gotas de sudor frío recorrían sus caras, era asombroso que hubiese recurrido a ellos. Si bien era cierto, los dos compañeros eran los más destacados en sus artes de su promoción en la academia, pero antes, miles de guerreros y magos cientos de veces más preparados que ellos habían perecido en la ruta. Era su hora y no se podían negar, sabían que entraron en la academia por eso, enseñanza a cambio de lucha por las gentes del pueblo. Eran, y de verdad, la última esperanza.
………………………
A la cárcel- gruñó Bandor- debemos salvar el poblado y nos envía a la cárcel.
-No desesperes- trató el mago de tranquilizarlo- el alcalde y el consejo tienen planes para nosotros y debemos cumplirlos, quizá estos maleantes tengan artes muy poderosas…y recuerda las riquezas prometidas.
-Bah, mil monedas, por mil monedas no he cruzado yo los Campos Verdes- sentenció el enano en busca de comenzar una discusión con el elfo, algo que sinceramente le encantaba.
-Vosotros los enanos y vuestra codicia infinita- rió finalmente Abbey.
Al atravesar la ennegrecida puerta de la cárcel, los dos compañeros guardaron silencio y avanzaron por los estrechos y oscuros pasillos hasta llegar a la zona de celdas.
Los dos guardias de la puerta les cerraron totalmente el camino, dando un paso hacia el centro de la entrada.
-Disculpen- se adelantó Abbey- venimos de part…
-¡Fuera mugrientos!- sentenció el enano de un grito, mientras apartaba a uno de los guardianes de un empujón- ¡venimos a recoger la basura del alcalde!
El guarda de la celda la abrió al ver la lacra del sobre con el emblema del consejo.
-Aquí están quienes buscáis.
Un hilillo de luz que se filtraba por el minúsculo ventanuco que iluminaba levemente a un semielfo alto y de tez oscura, muy serio y cabizbajo. Se levantó al oír su nombre de boca del elfo y musitó un breve rezo a Wee Jas, dando gracias por su puesta en libertad. Tan pronto como salió por la puerta, Abbey se percató de que la jaula se encontraba vacía- hemos venido a por dos individuos- exigió. -¿Que es lo que queréis elfo?- dijo una vocecilla detrás de él. Un menudo mediano estaba sentado en lo alto de la reja que el guardia había abierto hace unos segundos. -tu ayuda a cambio de libertad, el alcalde provee- dijo rápidamente el elfo, sabiendo que la principal habilidad de los medianos no era la paciencia. -uhm….habla-dijo el semielfo pensativo.
………………………
Mientras salían del edificio carcelario, y ya puestos al corriente de la situación, llegaron las explicaciones de los antes retenidos: -ya que seremos compañeros de aventura, veo bien que un clérigo como yo dé las explicaciones oportunas del por qué de mi encierro- Thull era un clérigo desde hacia ya tres años, pero nunca había pisado la academia y por eso desconocía al resto de sus compañeros, había pasado la mayor parte de este tiempo sumergido en libros de hechizos y rezos en los templos dedicados a Wee Jas, Dios de la muerte y la magia, de toda la comarca de Amn. Hace dos lunas- prosiguió Thull- me encontraba preparando un jarabe a base de Ammanita masscciense en el perímetro del bosque cuando un lobezno nocturno me atacó por la espalda. Tuve mucha suerte de que fuese tan solo una cría, y pude introducirle una dosis letal del ungüento por el hocico, cayó al suelo de manera instantánea, pero el ruido puso a los centinelas en alerta, y al llegar me arrestaron por violar el perímetro de seguridad de estos días y por manejar sustancias peligrosas con mi escaso conocimiento, o eso dijeron. -escaso conocimiento…-musitó para si el semielfo.-malditos e ignorantes guardas.- El elfo rió.
-Bueno, me parece que no está todo dicho, pequeño ladronzuelo- dijo Bandor mirando al mediano. -Si, Gatsu, ¿cual es tu deuda con estas gentes?- dijo el elfo. -Minucias, hurtos menores-dijo Gatsu con su vocecilla.-el alcalde tenía algo mío en su casa, que no debió quitarme… -¡Ni se te ocurra tocar mis cosas!- el enano se giró tan rápidamente que ni al mediano le dio tiempo a reaccionar. Thull y Abbey estallaron en carcajadas divertidos por la situación. -Bien- razonó Thull- tenemos a un ladrón y a un avaricioso en el mismo grupo, ¡que buenos ratos nos esperan! -por Wee Jas que si- dijo Abbey con una mirada de complicidad. -Si, como queráis, pero a mi dejadme en paz- Bandor se dio la vuelta avergonzado- sólo haré el trabajo y cobraré las mil monedas. Nada más-.
………………………
Siguieron el sendero por el que Abbey los guiaba gracias al mapa hasta que la maleza llegó a cerrarse casi por completo, ahora solo un angosto camino de dos metros de ancho seguía serpenteante delante de ellos. -dejaremos aquí el carro y lo recogeremos a la vuelta- -quizá lo podríamos esconder- dijo el clérigo. Pero los demás ya habían avanzado algunos metros hablando de la pequeña posibilidad de que bandidos anduviesen por la zona todavía, debido a los acontecimientos extraños que habían ocurrido.
Media hora de camino más tarde, cerca ya de la cabaña de Krondal, empezaron a oír algunos ruidos, el bosque era ya muy espeso y no conseguían ver más allá de sus pasos. -Quietos- susurró Thull, seguro de que alguna maldad cercaba la zona- el equilibrio no está claro en mi cabeza, percibo algo extraño- -Si semielfo- dijo Bandor con su voz gruesa y áspera, sin disimulo alguno- percibes que nuestro amigo está cerca. -¡¡Krondal!!- grito el elfo ingenuamente- ¡¿estas ahí?!- Un ruido que se hizo cada vez mayor delató al visitante. -No, soy Baskuto, discípulo de Krondal, el Druida más sabio del Bosque de la Serpiente. Mi maestro estará fuera por un mes, ha ido en busca de ayuda y me ha dejado a vuestra merced. Hemos visto decenas de partidas de kobolds bajar de las montañas, mi maestro cree que pueden tener algo que ver con las misteriosas muertes que acaecen últimamente y ha ido en busca de ayuda. -De acuerdo- dijo irónicamente el elfo- este druida humano vendrá con nosotros en vez de su maestro, cinco aprendices contra la amenaza más grande que acecha Amn desde hace más de trescientos años. -Estamos más que muertos- dijo el mediano sin saber aún muy bien porque no se había escapado ya. -Hermanos- sentenció ahora Thull con aires de serenidad- si estamos unidos podremos lograr la ventaja, el equipo que permanece unido saldrá victorioso en la batalla del tiempo. -Vámonos!- señaló el enano sin dejarse llevar por la melancolía del momento- dejaos de tonterías, yo no pienso dar la vida en esta encomienda, la campaña ni tan siquiera ha comenzado. No debemos perder el tiempo. Partiremos ya.
La compañía marchaba ya, guiada ahora por el druida a través del angosto bosque. -deteneos- susurró el clérigo- debo encontrar unas hierbas venenosas antes de dejar el bosque, presiento que me serán de mucha ayuda. -Baskuto- dijo Abbey- ayuda a Thull con tus conocimientos del bosque y la naturaleza, no debemos perder tiempo. -Esto no puede ser cierto- dijo atónito Bandor, el enano- yo no esperaré por unos hierbajos.- y prosiguió su camino haciendo mucho más ruido del que a los demás le gustaría. -Incauto enano- protestó el humano, enfurecido por el poco respeto que el enano mostraba por el grupo y la naturaleza.
………………………
-Sin vuestra ayuda me había sido imposible encontrar las plantas que precisaba, pero debemos marchar sin demora, el enano ya estará en el carro esperando por nosotros- dijo Thull mientras comenzaba a andar. Los demás los siguieron, posicionándose siempre detrás de Baskuto, que hacia de guía a través de los angostos parajes. El druida se detuvo de pronto alertado por un sonido que solo el oyó. Todos se miraron e instintivamente se pusieron a la defensiva, con las espaldas pegadas. Antes de que nadie pudiese decir nada, una enorme serpiente se irguió ante ellos, podría medir 2 metros pero a ellos les pareció infinita, su cuello estaba rodeado por un anillo de aureola color rojo, lo que le indicó al druida que sería de una especie peligrosa por su veneno, se lo hizo saber así a sus compañeros, que rápidamente tornaron sus caras de susto en expresiones de terror. Sabían que eran mayores en número pero sin el poder suficiente para derrotar a una serpiente del bosque en su propio terreno y sin armas de gran escala. El mediano rápidamente tomó la iniciativa y se preparó para esconderse, pero la atención de la serpiente estaba clavada solamente en él. El druida supo esto y rápidamente lanzó un ataque por el costado derecho del reptil gigante, la serpiente logró esquivar el golpe con un quiebro de todo su cuerpo, pero cuando logró recuperarse de la sacudida, había perdido de vista a Gatsu. El mago revisó su zurrón y no encontró más que migajas de su última comida y los viejos pergaminos que el alcalde le había entregado, pero ningún rastro de inscripciones ni hechizos que los sacaran de allí. Repasó una y mil veces los hechizos guardados para la ocasión, pero el momento lo excedía claramente, sus piernas comenzaron a correr y sus labios fueron incapaces de recitar ni la primera palabra de un conjuro que los podría haber sacado de allí. Viendo esto Thull el clérigo se encomendó a Wee Jas y lanzó un desafío al reptil: -Ven a por mí, ¡¡ven a por mí!!. En ese momento, la serpiente vio el brazo del semielfo inundado por comida que el mismo había untado, y pensó en lo delicioso del bocado que le esperaba. Fue el momento perfecto que aprovecho el mediano para clavarle su daga en una herida que comenzaría a manar sangre a borbotones desde el momento de sacar de nuevo la daga. La serpiente se dolió pero nada pudo hacer por frenar su ataque al brazo extendido de Thull, el cual gritando alabanzas a su Dios intentó meter por la garganta de la serpiente sin conseguirlo en veneno que había mezclado en la comida. La mordedura de la serpiente era cada vez más letal, y el veneno que lanzaba amenazaba con paralizar al semielfo.
Bandor había oído ya los gritos y comenzó a correr hacia el lugar de donde éstos provenían, pensando, hacha en mano ya, que si habría aparecido la amenaza que turbaba al pueblo, y era esta la que se encargaba de sus compañeros. Con el mismo asombro que tuvo al oír los gritos, vio cómo se cruzaba con el mago, que huía de la situación: -ayúdalos, no puedo hacer nada- gimió Abbey. -de acuerdo orejas picudas, veo que necesitáis ayuda de un enano de verdad.
En el momento en el que el guerrero hizo su aparición, vio como la enorme serpiente clavada ya en el brazo de Thull, sucumbía a un tremendo golpe en la cabeza del druida, que había aprovechado que el reptil permanecía enganchado al brazo para asestarle el golpe mortal.
La escena era ya grotesca, pero Bandor rió a mandíbula batiente: -Ja.ja,ja,ja…!tanto jaleo por una serpiente! clérigo, tenías razón cuando decías que pasaríamos momentos divertidos…-dicho esto se encontraba de nuevo ya de camino a la carreta. El clérigo hizo caso omiso al comentario, guardándose en su zurrón la cabeza del reptil y sus dos glándulas venenosas: -quizá me sean de ayuda- musitó.
………………………
-Ah, mis valientes. Veo que habéis llegado sanos y salvos, me alegro. Coged lo que necesitéis de mi pobre armería y partid cuando gustéis. Por favor, id raudos-. El alcalde estaba cada vez menos convencido de lo que había hecho: -estoy seguro de mandar a estos súbditos a la muerte, mi pequeño ayudante, pero ya nada nos queda, ¿que puedo hacer si no?…¿que?…- La compañía ya marchaba henchida de orgullo, al poder recibir cuanto quisieran de la armería personal del alcalde.
Quedaba ya poca cosa de lo que antaño hubiese sido la armería personal de un noble, pero muchas compañías habían fracasado ya, y nada quedaba de la antigua colección. El elfo cogió tan solo una pócima y una manta, y se retiró el primero. El enano recogió el resto de las pócimas y, antes de llegar a repartirlas, las manos de Gatsu ya estaban sobre una de ellas, intentando sustraerla sin que el guerrero se diese cuenta. Bandor se enfureció y repartió dos de las pócimas pero se guardó para él la suya y la correspondiente al mediano: -esto te enseñará modales, pequeño ladrón.- -No, no- se apresuró a decir Gatsu, mi intención era únicamente compartirlas, nada más…- El enano solo gruñó ante esa respuesta y se dio al vuelta. El clérigo no perdió el tiempo en la armería y se dispuso a persuadir al menudo encargado, por unas pequeñas tizas de colores. Momentos más tarde, Thull consideró acertado adquirir una brújula, lo cual al encargado le pareció demasiado ambicioso. Tan pronto como se hizo con la brújula, las tizas de colores habían desaparecido del bolsillo: -condenado mediano!- masculló el semielfo, pero el encargado ya se hallaba atendiendo a Gatsu, haciendo lo posible por ocultar su sonrisa.
-Lo que yo quiero es ese anillo brillante que llevas- dijo Gatsu. -Uhm…el anillo…¡es mágico!….esto…¡pero por cien monedas será tuyo!- inquirió el encargado sin saber exactamente el poder real del anillo ni su valor exacto, pero convencido de que el cambio le beneficiaba ampliamente. -hecho- dijo Gatsu, encaminándose a la puerta ya con el mismo puesto. Nada más salir, cayó encima de su mano la pócima que antes le había negado Bandor: -oh, veo que la benevolencia puede llegar a ser un atributo enano. -no te acostumbres mediano, no tendré paciencia contigo la próxima vez.
La taberna en la que cenaron ese día estaba repleta, elfos, enanos, medianos y toda clase de ser viviente que habitaba por la comarca de Amn se podría encontrar en la taberna del pueblo esa noche. -Lo siento- dijo con voz áspera el enano encargado de la taberna- pero hoy no hay cama para vosotros, estamos al completo. – y se marchó dejando con la réplica en la boca a Bandor, que se disponía ya a comenzar una disputa. Esta bien- dijo Abbey- iremos a la guarnición a dormir, allí estaremos completamente seguros hasta que amanezca.
Los dos guardas que aseguraban la puerta de la academia cerraron el paso esta vez. Lo siento- dijo el más alto- las compañías ya designadas pierden el derecho a la entrada para hacer noche, lo sabéis. El mago lo miró fijamente a los ojos y masculló unas palabras en élfico, acto seguido el guarda dio un paso atrás y abrió las puertas: -que descansen esta noche- dijo. ¿Que le pasó a tus conjuros esta mañana?- pensó el enano para sí, pero decidió no decirlo, temiendo la reacción del otro guarda.
La mañana siguiente llegó más rápido de lo que les hubiera gustado: -nos han echado tan rápido que no he preparado ni mis conjuros- dijo Abbey. -Cierto- confirmó el mediano, la noche se me ha hecho muy incómoda a la espera de este día.
En la aldea nadie miraba con confianza la partida de la compañía, la inseguridad y el miedo acompañaba a las gentes de Keczula todos los días en esta época. El día lloraba también y acompañaba así al grupo. En lo que parecía, a todas luces, una despedida.
Pasado medio día de viaje por el camino del comercio hacia Crimmor, cruce de caminos entre Azhkatla y Candelero, la compañía se encontraba en el primer tramo colindante a los Picos de las Nubes, antes de llegar al lago Weng, donde habían pensado hacer noche. La conversación divertía al enano, a pesar de que este iba delante en su pony y semejaba totalmente ajeno: -Vengo de Estenga, tierra de trabajadores y artesanos, llegue aquí en busca de sabiduría y conocimientos- decía Abbey. – Yo-replicaba también Thull- soy descendiente de una familia de nobles clérigos del norte, pero no vine a Keczula por su guarnición, si no que realizo el camino de la meditación por mi parte, bebiendo de todas las vertientes. Este- dijo enseñando un dibujo bordado en plata y oro- es el emblema de mi familia, y… -¡alto!, dejaos de tonterías, empiezan los problemas- dijo el enano señalando unos bultos en el camino. El druida se alzó sobre el carro y vislumbró unos cuerpos deshechos en el suelo y unas marcas de un carro desbocado. Al acercarse vieron la escena con temor. -esto es lo que pasa en este lugar, estas son las muertes que se documentan- sonó la vocecilla al fondo. El carro estaba unos pocos metros más allá, estrellado, con sus caballos, contra la pared de la montaña. El elfo no perdió tiempo y se acercó a uno de los cuerpos, donde estaba Thull. -Esa túnica roja pertenece a un mago, yo me la pondré para ver sus efectos.- Alto- lo freno el clérigo- este cuerpo es mi inspección, pero te daré la túnica si os juramos lealtad ahora. Tú me servirás y yo te serviré, nada se interpondrá. -de acuerdo, nunca dudes de la palabra de un elfo. En este instante un ruido los alertó al fondo, junto al carro. Al girar sus cabezas vieron cómo un grupo de kobolds tiraban piedras al enano, que se reponía asestando mandobles de su enorme hacha, que doblaba en altura a las menudas criaturas. Baskuto no había perdido el tiempo y había llamado ya a su perro, un enorme animal oscuro y musculado que corría de cara a los engendros con cara de rabia y el hocico empapado en babas. -Ataca!, mátalos!- gritaba enfurecido por la emboscada el druida.
Varios kobolds habían caído ya cuando de pronto una figura humanoide se irguió de entre las rocas de la falda de la colina, sus espadazos eran impresionantes y su cara reptiliana era más asquerosa que su larga lengua bífida. -Un dracónico!- gritó el mago. El perro de Baskuto seguía degollando Kobolds, mientras que el guerrero y el asestaban mandobles al humanoide dracónico. Mientras, el clérigo levantaba la cabeza que había arrancado a la serpiente en señal de ofensa, el mago trató de camuflarse y engañar al dracónico. Al no obtener resultados, recordó el idioma que había estudiado meses antes en la academia y comenzó a gritar: -que quieres de nosotros?, quien te envía?. El humanoide reptiliano seguía asestando golpes, simplemente contestaba en idioma Trasgo: -¡por Nizarils!¡por Nizarils que moriréis!. El guerrero henchido de ira y con la piel repleta de heridas de cimitarra, levantó el hacha por encima de su cabeza y asestó un golpe con todas sus fuerzas que abrió la cabeza del dracónico en dos. El humanoide cayó vencido y rebasado en sus fuerzas, emanando litros de sangre por su cabeza.
………………………
-Mirad,- dijo Bandor después de la batalla, pero con la cara totalmente manchada de la sangre aún fresca del dracónico- los kobolds y este horrendo bicho llevan el mismo símbolo. Me quedaré con su cimitarra, no tiene nada más de valor.
El símbolo al que el enano hacía referencia marcaba un dragón en semicírculo, completando el círculo por otras runas redondas, que nadie de los allí presentes era capaz de reconocer.
No sabían que tipos de amenazas les esperaban, pero tras dos días de lucha por seguir vivos, la compañía tenía pocas cosas claras. Todos permanecían callados viendo el horrible espectáculo y lo cerca que habían estado de convertirse, como su reciente descubrimiento, en una caravana desaparecida más.
—fin del episodio primero—
Carlos Quintás, el cronista de Amn